miércoles, 11 de julio de 2012


LUNES, 9 DE JULIO DE 2012
Van mas de 140 efectivos caídos este año
Tal Cual

Funcionarios están en altísimo riesgo porque armados y fuera de funciones confrontan delincuentes más vivos. Especialistas coinciden en que su entrenamiento debería ir a la no intervención o resistencia


KEILYN ITRIAGO MARRUFO
La velocidad con la que viene operando el hampa da evidencia de que el cierre de 2012 será mucho más violento para el grupo de funcionarios policiales y militares con relación al año 2011, cuando el total fue de 200 efectivos asesinados. La muerte del agente del Cicpc, adscrito a la Brigada contra Bandas, Ernesto Ferreira, vino a sumar la cifra de 52 uniformados asesinados en este primer semestre en la Gran Caracas. Y, a nivel nacional, según las estimaciones del criminólogo Fermín Mármol García, el número sobrepasa las 140 víctimas.


"El espiral de violencia no se detiene en Venezuela porque no hay razones para que se pare", señala el experto, quien asegura que no se manejan móviles de sicariato ni venganza ya que los uniformados han caído tal como ha pasado con un ciudadano común. Aclara que el 80% de éstos estaban en franco de servicio, es decir, disfrutando de su día u horario libre.

NO HAY CULEBRA, PERO SÍ IRRESPETO 

Así como pasó con Ferreira, a quien lo atacaron a tiros para quitarle su camioneta Toyota Fortuner, a la gran mayoría de los funcionarios les han arrebatado armas de fuego, celulares, vehículos o motocicletas. Pero, en su contra ha jugado un factor que los hace mucho más vulnerables, que es el hecho de estar armados, según explica el sociólogo y vocero de la ONG Paz Activa, Luis Cedeño. "Las probabilidades de cualquier persona en un entorno urbano de resultar herido aumentan 10 veces estando armados", señala.

Cedeño asegura que el arma los hace un objetivo más apetecible y robarla termina siendo como una surte de recompensa al delincuente. De esta forma se da la famosa transferencia de armas orgánicas que se ilegalizan en manos de los antisociales.

Mármol García manifiesta que pese a que efectivamente el delincuente mayoritariamente no sabe que se trataba de un funcionario policial o militar, cuando se da cuenta poco le importa. A su juicio, el atracador venezolano es agresivo, violento, temerario y tiene muy poco respeto hacia la autoridad. "La debilidad que tienen las instituciones del sistema de administración de justicia genera una impunidad, que a su vez genera una imitación, en donde la ecuación es: en Venezuela es fácil cometer delitos porque nunca hay castigo", apunta.

MENOS RESISTENCIA 

El entrenamiento en los fuerzas de seguridad del país, que es bastante reactivo según Cedeño, se convierte para él en una de las causas por las que los hechos delictivos terminan dejando saldos de sangre. Al policía le cuesta desprenderse de sus funciones estando fuera de servicio, "caen en una suerte de esquema de hacer un juramento hipocrático. Si ven una situación irregular frente a ellos, suelen intervenir y esto los pone a perder porque están solos, sin chalecos ni protección", agrega Cedeño, quien indica que este apego al ejercicio profesional funciona con los médicos de 24 horas porque ellos no ponen en riesgo su vida, como sí ocurre con los uniformados.

De acuerdo con Cedeño, policías y sobre todo militares, son recursos humanos valiosos, difíciles de entrenar y en los cuales el Estado ha invertido bastante dinero, por lo que la pérdida de cualquiera de ellos es cara. Pero, cada vez se hace difícil cambiar esos patrones actitudinales de entrenamiento en los policías para salvaguardar la vida de ellos y la de los ciudadanos.

También, para el sociólogo, opera una especie de presión grupal de parte de sus pares. "Llegas al día siguiente a tu trabajo y cómo le dices a tus compañeros que te robaron sin tener un chalequeo acostumbrado", indica.

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