miércoles, 14 de octubre de 2015

Vigilantes, una opción no muy querida


La inseguridad ha implantado un nuevo campo laboral para los jóvenes venezolanos, incluso cuando "este es uno de esos oficios con los que nadie de niño piensa ni dice qué quiere ser cuando sea grande", como afirma Gerardo, un ex soldado de 27 años ahora a las órdenes de una firma de vigilancia privada.

Por Humberto Márquez

Gerardo no permaneció en la milicia "para no seguir con esa disciplina", no quiere ir al comercio detallista informal (y a menudo ilegal) que crece en las ciudades pues, asegura: "No me gusta andar vendiendo, y aquí tengo un sueldito mientras llega la hora de estudiar algo como computación o dibujo", dice mientras se estira en la garita de 2x3 metros desde la que vigila el acceso a un grupo de edificios residenciales en el sureste de Caracas.

"Una de las razones por las que logramos nuevos reclutas para la compañía es porque a muchos les atrae un trabajo en el que nunca hacen mucho y a veces casi nada, y es poco el esfuerzo físico o intelectual que se exige", señala Herminia Araujo, gerente de una empresa de seguridad que actúa en el oriente del país.

En Venezuela operan más de 600 empresas de seguridad que dan empleo a más de 100.000 vigilantes, según cifras que maneja la principal cámara que las agrupa, y una buena parte de ellos son jóvenes, a menudo egresados del servicio militar.

En un municipio de clase media de Caracas, El Hatillo, la policía local cuenta con 87 efectivos pero en la zona trabajan 2.700 guardias privados. “La alcaldía ha debido encuadrar en un pacto de colaboración a unos 200 vigilantes privados”, señala el sociólogo Luis Cedeño, de la organización sobre seguridad Paz Activa.

El telón de fondo es el negocio de la seguridad que hizo crecer en la última década las empresas de blindaje de autos, los servicios de guardaespaldas y las calles cerradas con garitas de vigilancia. Cinco de las 50 ciudades más peligrosas del mundo están en Venezuela, según el ranking de la organización mexicana Seguridad, Justicia y Paz.

La paga es poca

Un joven que ingresa a la empresa de vigilancia gana el salario mínimo (7.500 bolívares, menos de 40 dólares al mes), pero la remuneración puede hasta duplicarse con bonos, por alimentación, guardias nocturnas, transporte y, en algunos casos, puntualidad.

Isabel, joven madre asignada como vigilante a un supermercado, comenta que “un beneficio es que podemos comprar más fácilmente productos escasos, leche, pañales, jabón”. En la Venezuela de los últimos dos años los consumidores dependen del azar cuando van al mercado a buscar dos docenas de productos esenciales, pero los empleados se informan primero de la mercancía que llega.

Jóvenes como Gerardo se quejan de que “el dinero no alcanza” y recuerda que vecinos de su barriada que se dedican a revender alimentos y artículos de higiene subsidiados ganan más dinero, “pero aquí hay más seguridad en que recibirás tu salario los días 15 y último” de cada mes.

Araujo dijo que “cuando ya son más experimentados, no tan jóvenes, los ingresos mejoran para la gente de seguridad porque trabajan por ejemplo como supervisores”, y según Cedeño, “allí incluso hay una descapitalización de las policías, porque los jóvenes migran en busca de remuneración mejor a la que reciben como agentes”.

El problema es el riesgo 

Alfredo, frisando los 30, es un escolta motorizado generalmente asignado a cuidar empresarios, gerentes o expertos que vienen al país en plan de negocios. “El trabajo es en grupo, coordinado con la central, un auto, a veces blindado, una moto o hasta dos con el personaje. El problema es que los malandros te ubiquen y quieran después asaltarte para quitarte un arma o un equipo”, dice.

El gobierno autoriza que vigilantes de ciertas empresas porten revólveres o escopetas, con una munición mínima, pero son pocos y la mayoría dispone sólo de radios o teléfonos.

“Mejor estar sin armas, menos riesgo de que te ataquen. Nosotros observamos, pero si llega un grupo que fuerza el paso y va a asaltar o echa tiros, ¿qué podemos hacer? Encerrarnos y tratar de avisar a la policía”, comenta Oscar, otro guardián de residencias.

El panorama del crimen en Venezuela (un millón de delitos y 19.000 homicidios en este país de 30 millones de habitantes, según las últimas estadísticas oficiales de hace ya varios años), incluye más de 100 policías abatidos cada año solo en la capital, algunos de ellos guardaespaldas, y el asesinato de vigilantes en asaltos, principalmente.

¿Vale la pena el riesgo? Como Gerardo, muchos otros jóvenes vigilantes ven el empleo en seguridad como un puente, como la manera de aguantar una situación que escapa a su manejo mientras las condiciones del país mejoran y pueden asirse a otro oficio, con el que quizá sí soñaban ser desde muy chicos.

Fuente: El Toque

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