lunes, 24 de febrero de 2014

Líderes deben desapegarse de intereses personales para promover la paz

Modelaje de violencia inicia con imitación y el entorno


El padre, el jefe, el capitán del equipo, el político o el líder vecinal brindan ejemplos con sus palabras y acciones que crean un ambiente cuyas condiciones son imitadas por sus cohabitantes.

Promover la paz, aumentar la tolerancia y practicar la otredad empieza en el lenguaje. Igual que la inclusión en aspectos sociales como la diversidad sexual o funcional, el discurso de género o las normas de cortesía, el reconocimiento otorgado en la retórica abre las puertas a la tolerancia, la comprensión y el entendimiento. Una espiral similar a la de la violencia, donde la agresión y hostilidad física comienza en la verbal y psicológica con los insultos, descalificativos, gritos e intimidación, pero que gira al contrario.

La violencia puede tener causas diversas según las teorías sociológicas. Las dos principales son las relacionadas a la pobreza y desigualdad social y la segunda en la violación de la norma por parte de modelos sociales como las celebridades, los padres y los políticos, quienes inducen conductas por imitación. Así lo señaló Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, en un foro sobre “Violencia, cifras, causas y soluciones” en Maracay a principios del mes de febrero.

Para el caso de la violencia, sus efectos tendrían similitudes con la teoría de la ventana rota. En esta última, un automóvil dejado en una zona rica pasó 48 horas sin daños, hasta que los investigadores le rompieron uno de los vidrios, causando lo que había pasado en los primeros minutos en la zona pobre. Fue desvalijado.

Similarmente, varias investigaciones han certificado que la cercanía a áreas verdes, a espacios recuperados, limpios y ordenados, tienden a reducir notablemente los niveles de estrés, la depresión y la ansiedad, provocando que los espacios públicos y comunitarios sean más concurridos. De esta forma, el lenguaje de inclusión, tolerancia y aceptación del otro puede brindar beneficios similares para la paz y la convivencia.

El psicólogo Reinaldo Olavarrieta, directivo de la Sociedad Venezolana de Psicología de la Salud, acepta que la violencia también la aprendemos del entorno, lo que se traduce en una alerta constante. Esto hace que el cerebro suplante el modo de supervivencia a uno de alerta. “Si vemos que alguien camina mucho tiempo detrás de nosotros, si escuchamos al motorizado que gira repentinamente, eso se nos hace cotidiano”.

Por su parte, el médico psiquiatra Fernando Jiménez, dice que el discurso político también se ha vuelto violento, de un bando y otro, como causa o respuesta. “Cuando ignoran tu queja, cuando te dicen que no hay razones para protestar, también es violento, y eso impulsa una respuesta violenta que puede traducirse no sólo en acciones violentas en la calle, sino en malestar, trastornos emocionales, cuadros graves de ansiedad y depresión”.


PACTO DE ÉLITES

El sociólogo Luis Cedeño, de la ONG Paz Activa, explica que hubo un rompimiento del pacto social con El Caracazo en 1989 y del institucional en 1992, con los atentados militares para derrocar el gobierno, en ambos casos, un grupo de ciudadanos desistió de ceder el monopolio de la violencia en el Estado para la protección de la sociedad y empezaron las agresiones entre personas sin mediación estatal.

“Lo que se requiere es un pacto de élites, de los participantes del conflicto para salir del juego de no suma cero, en el que nadie cede nada. Lo que hace falta es la negociación, llegar a un acuerdo entre las partes”. Paz Activa ha propuesto desde el año 2000 tres métodos alternativos de resolución de conflictos: mediación, conciliación y negociación. “Dentro del Plan Nacional de Negociación, vimos que se incluyó la justicia de paz, que es una forma alternativa de resolver los conflictos”.

Cedeño señala el modelaje que nace en las élites. “Si allí hay descalificación, estas serán imitadas. Hace falta que entiendan este tiempo histórico con actitudes desapegadas, en la que la medición de fuerzas no permite buscar soluciones hasta que se tranque el juego”, explicó

Briceño León recordó la única época del país cuando bajó la tasa de homicidos, de 1994 a 1998. “Pasó de 4.700 a 4.550 muertes violentas por año, cuando hubo un claro esfuerzo por reforzar la institucionalidad y brindar espacios para la conciliación. Por ejemplo, Caldera le entregó el Plan de Paz de Catia al Movimiento Al Socialismo (MAS), que era oposición, perdona a los golpistas del 92 y el Ministro de Justicia, José Guillermo Palacios, declaró que se suspendían todos los nuevos portes de armas, incluso para sus amigos, lo que brindó una nueva confianza en la autoridad y la norma”.

El director del OVV pide como soluciones actuar por igual con políticas sociales para reducir la pobreza y la desigualdad junto a la “desideologización” de la seguridad ciudadana. “Se creyó que la inseguridad social obedecía a una lucha de clases, de pobres contra ricos, por lo que no era algo tan negativo, pensando además que la represión policial era violencia contra los pobres, por lo que no puede permitirse”. Citó además las altas cifras de impunidad que han monitoreado en los últimos 20 años. “En 1998 se realizaban 110 detenciones por cada 100 homicidios, mientras en 2009 hay entre 8 a 9 detenciones por cada 100 asesinatos”, para finalmente depurar y recuperar la confianza en los cuerpos policiales. “Nuestras encuestas señalan que 56% de los venezolanos cree que la policía está involucrada en la delincuencia, mientras 60% considera que es peligroso ayudar a los cuerpos de seguridad. 3 de cada 4 venezolanos cree que los militares están relacionados con el narcotráfico”, enfatizó.


¿QUÉ PUEDO HACER?

Desde lo individual también podemos ser agentes de cambios. Olavarrieta brinda estos pasos ante la violencia:

- Canalizar mis acciones. ¿Realmente estoy en peligro, este es un riesgo verdadero, qué resultado tendré?
- Reconocer el estado emocional. ¿Lo que siento es miedo, ansiedad, rabia?
- Enfocar asertivamente. No siempre hace falta dañar un poste, quemar caucho, agredir al vecino, sino ser efectivo y asertivo.

Sin embargo, el experto advierte que aunque somos modeladores conductuales de los otros, sino eres violento en una comunidad o situación violenta, puedes ser agredido por salirte de lo que se considera normal en ese lugar o momento.

Jiménez coincide en sus recomendaciones:

- Reconocer la situación, estando tan informados como seamos posible. ¿Qué tanto me afecta y cómo?
- Analizarse como individuo: ¿Hasta dónde puedo llegar y si lo haré, qué mejora traerá para mí?
- Tomar distancia del problema, cuidar la salud psíquica por la rabia, ira e indignación que produce la violencia y/o la injusticia
- Buscar asesoría profesional. “Admitir problemas mentales es difícil, pero dentro del abanico de éstas hay muchísimas distintas a la locura, muchas de las cuales el colectivo ignora que deben ser tratadas, hay que superar la idea del psiquiatra como alguien que receta medicación. No es sólo venir a consultas, sino hacer preguntas, como una entrevista”.


SU PALABRA VAYA POR DELANTE

“El respeto al otro, mediante el uso adecuado del lenguaje, es fundamental para comunicarse en una sociedad civilizada, especialmente cuando los problemas que confronta la autoridad exigen su comprensión. De allí la necesidad de la corrección y precisión en la expresión utilizada en la comunicación verbal, buscando la compresión de lo que sucede a fin de compartir las posibles soluciones mediante el diálogo”, escribió la socióloga Maritza Izaguirre, Decana de la Facultad Ciencias Económicas y Sociales de la UCAB, en enero de 2013, en su artículo titulado “Violencia y lenguaje”.

El bullying o acoso escolar ha dado muestras fehacientes de la fuerza del lenguaje para crear situaciones desagradables, una herramienta que puede ser utilizada para el cambio. “Tenemos que aprender a aplicar la Escucha Asertiva, que es escuchar ideas que no compartas sin caer en la enemistad, practicar la tolerancia con tu pareja, tu familia, tus vecinos, en el trabajo, en la cola del banco, para que se expanda. Es realizar una instauración de la tolerancia”. Alerta que hay una patología que se ha aprendido como estilo conductual, el pasivo-agresivo. “Si me tocas, si me molestas, te ataco”. “Eso no es paz, es una amenaza”, exclama el sociólogo Olavarrieta.

Una golondrina puede no hacer verano, pero cuando los cambios individuales se unen, esta red puede hacer muchas cosas, diserta Jiménez al respecto. “Nos agreden cuando nos cambian nuestra manera de vivir, porque es injusto. Cuando te parten el vidrio del carro para robarte a plena luz del día, si ignoran tus quejas, si te descalifican, buscas protegerte de lo que puede interpretarse como terror, y allí hay que pasar de lo colectivo a lo individual.

“Si me descalificas, yo no lo hago, si me acusas de algo y al analizarme, no me identifico, ignorarlo, pero además, conviene evitar discutir sobre religión y política, que sólo terminan en conflictos”, insiste Jiménez, quien ha tratado a familias con diferencias de este estilo dentro de sus miembros, que permanecen viviendo juntas, pero han logrado entenderse. “Hay que sopesar que el que reclame tiene razones válidas para hacerlo”.


PARECER VÍCTIMA, NO SERLO

Julio Burga es monitor certificado del Sistema Progresivo de Autodefensa (SPAD), con origen en Argentina. Brinda charlas gratuitas junto a varias ONGs y Fundaciones, así como cursos privados para público en general. En una reciente en la Parque La Estación, en la Avenida Constitución, vecinos recibieron instrucción básica de cómo lidiar con individuos violentos, con un 90% de posibilidades de evitar la pérdida de bienes materiales y si esto no es posible, salir completamente ilesos.

“El robo promedio dura entre 12 y 20 segundos, por lo que el delincuente común trata de hacerlo rápidamente para evitar ser visto, detenido o perseguido. Por tanto, alargar el proceso de interacción con éste, reduce notablemente su radio de acción, logrando que desista de su acción”.

Burga da además varios consejos cuando enfrentes a alguien violento, sea para hacerte un reclamo, amenazarte, intimidarte o tratar de robarte. Siempre con personas no armadas.

- Bajar la guardia en lugar de lucir demasiado confiado, airado o confrontar. Elevar los niveles de violencia causará que el atacante haga lo mismo.
- No ser víctima en tu mente. Usar la diplomacia para convencer que quieres resolver negociando, dialogando, sin agresividad. El 90% de los enfrentamientos pueden resolverse en la interacción, haciendo preguntas para reafirmar lo que te cuestionan, lo que piden, pero sin repetir el argumento. No resistirse al robo, sino provocar que la atención se vaya a distintos lugares, no que gire en tres frases. Esta habilidad puede ser innata o practicarse: “¿Qué quieres, este bolso, tan viejo? Me lo regaló mi mamá, ¿y si en vez de eso te doy el dinero que resuelve más? ¿De qué persona me hablas? ¿Ella no es la hermana de tu vecino?”.
- Si el caso es reiterativo y has disuades varias veces al individuo, en SPAD recomiendan la confrontación verbal de forma firme, pero sin herir egos ni actuar con agresividad, insistiendo en estas preguntas “¿Me puedes explicar cuál es el problema conmigo? ¿Qué quieres que haga? ¿Qué buscas lograr con tu actitud?”, insistiendo que no quieres pelear, sino ponerle punto final al acoso, explicó.




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